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lunes, noviembre 09, 2009

Reseña de Trece Razones por El Redactor

Las reglas son muy sencillas. Solo hay dos. Regla número 1: Tú escuchas. Número 2: Lo pasas. Con suerte, ninguna de las dos será fácil para tí.


Editorial: AMBAR
Año de publicación: 2009
ISBN: 9788493678449
Número de páginas: 224 páginas

Formato de papel: Tapa Dura



Sinopsis: No se puede detener el presente, ni tampoco rebobinar al pasado. El único modo de llegar a conocer el secreto… es darle al PLAY. Clay Jensen es un adolescente como cualquier otro que encuentra, al llegar un día a casa, una misteriosa caja sin remitente dirigida a su nombre. El contenido no es otro que una serie de cintas de grabación, siete en total, que parece haberle enviado Hannah, una compañera de clase que no hace ni dos semanas que se ha suicidado. A pesar del desconcierto que supone volver a oír la voz de Hannah, Clay descubrirá que son trece las razones por las cuales ha decidido quitarse la vida, trece caras de cassete y que, por ello, son trece las personas que deben escucharlas. Él es una de ellas. “Es un juego muy sencillo: primero las escuchas, luego las pasas” dice Hannah en la primera cara. ¿Qué razones son esas y qué tiene que ver él con ellas? A lo largo del día, Clay se irá obsesionando con las grabaciones y hasta recorrerá la ciudad con un mapa que ella misma le ha proporcionado. Pero he aquí un viaje distinto del esperado, un viaje donde el punto de llegada es precisamente el mismo que el de partida y en el que solo hacen falta unos nuevos ojos para verlo todo como por vez primera. Hannah irá desgranando poco a poco su vida en un intento de poner de manifiesto las consecuencias, grandes o pequeñas, de las cosas que hacemos y dejamos de hacer, y que cambian el mundo a veces sin darnos cuenta. Valoración: Se trata de una novela de esas que enganchan desde el primer momento, su historia te atrapa en seguida y deseas leer más cuanto antes, entender todo y que los cabos terminen de atarse. A pesar de lo complicado del tema que trata en ningún momento cae en la incitación al suicidio ni presenta situaciones excesivamente desagradables. Es un libro que nos habla de la responsabilidad, la influencia que tienen nuestras palabras, nuestros silencios y nuestros actos en las personas con quienes nos relacionamos. La historia nos obliga a pensar que con un pequeño gesto se pueden evitar desgracias, gestos que por si solos no representan nada pero en el contexto de una persona en concreto pueden sinificar un mundo. Es un gran libro, muy recomendable tanto por la facilidad con la que se lee como por su capacidad de hacerte pensar.

jueves, septiembre 10, 2009

La Moda Literaria por Lis Charm

Es un hecho: nos atacan.

Con el éxito de la saga Crepúsculo, escrita por Stephenie Meyer, los vampiros se han apoderado de las librerías. Raro es no encontrar una novela basada en estos carismáticos y de pronto encantadores personajes. ¿Por qué? Porque vende.

La triste realidad es que la globalización, así como la pura y mera comercialización, ha llegado hasta la literatura. Se escribe lo que se sabe que se va a comprar, lo que va a triunfar. Ha pasado con los vampiros, o con esos príncipes de cuento de hadas con colmillos, mejor dicho. El vampiro en sí nunca fue bueno, ni dulce, ni encantador. Crueldad y sadismo era lo que estaba escrito en sus facciones.

En su día, Anne Rice nos enseñó la verdadera cara de los caballeros y damas de la noche, pero ahora Stephenie Meyer nos muerde el cuello con una idea “innovadora”, la del vampiro mártir y la humana tentada. “Innovadora” porque nos permite descifrar sentimientos humanos en seres que no deberían tenerlos, pero aún así, sigue siendo el eterno tópico: lo peligroso siempre y de manera irremediable es hermoso, tentador.

Habiendo leído diversos títulos de esta temática, puedo asegurar que todos, absolutamente todos, son iguales. Si bien los diferentes autores añaden, por así decirlo, un toque personal -poniendo nuevos atributos a sus personajes o intentando dirigir la historia hacia otro lado-, el núcleo, la idea principal, es siempre el amor entre un vampiro y un humano. La relación entre lo prohibido y lo peligroso, tópicos que se remontan a la Grecia Clásica, con mitos como el de Teseo y Ariadna o Píramo y Tisbe.

Cuando la fiebre vampírica finalice, ¿qué vendrá? Lo siguiente que llame la atención.

La moda ha llegado a los libros, los escritores chupan del bote. ¿Así se va a perder la originalidad en la literatura? Ciertamente, es una lástima.

lunes, agosto 31, 2009

Una nueva escritora, un sueño

En una de mis tantas búsquedas de nuevos talentos por la red de redes me encontré con una sorpresa. En apariencia me recordó mucho a un blog conocido por mi y esto ya despertó mi interés. Estar un rato ojeándolo me sirvió para darme cuenta que había encontrado un diamante en bruto.

Hoy, después de un fin de semana muy ajetreado con muchas publicaciones, he podido ver que tengo una petición para una crítica de un relato, y no es ni más ni menos que el blog que tanto me gustó leer y del que me enamoré. Creo que cuando te divierte tanto como a mi ya deja de ser trabajo, pero aún así, me meteré en el papel indiscutible del El Redactor y haré una crítica de uno de los textos que nos mandó (también publicado en su blog).

Título: Adelaida

Autora: María del Crísto

Blog: http://oloratierramojada.blogspot.com/

Crítica: Creo que debemos diferenciar tres puntos en este texto:

* La realidad con la que está escrito.

* La forma de describirlo.

* La historia en sí.

Creo que es una historia fantástica, demasiado corto para mi gusto pudiendo alargarlo muchísimo más, aunque sabiendo que quitar y que decir en cada momento. Una realidad plasmada en palabras que te hace oír la voz de Adelaida, que te hace verla cuidar sus gallinas, que te hace sentir los pequeños retazos de aquel lugar y aquel pueblo, aún sin dar demasiados detalles (que a veces pueden resultar muy caóticos). Creo que el texto en sí tiene una naturalidad que lo hace resplandecer por sí mismo.

Aunque, por otra parte, también habría que cuidar aspectos gramaticales y ortográficos, que son más estéticos pero que para poder seguir en este mundo son imprescindibles.

Aún así, una historia digna de mención, y por supuesta de leer ;)

Texto:

En el rincón más oscuro de mi recuerdo están aún la voz dulce y el gesto cansado de aquella mujer. Adelaida cada tarde se acercaba arrastrando sus pesados pies hasta el muro de piedra que separaba los canteros de su casa y la casa de mis abuelos.

-¡Crista!- me gritaba (al igual que a mi abuela a Adelaida se le antojaba que un nombre de mujer nunca debía terminar en “o”, y, es por eso, que ambas se referían a mí de esta peculiar manera) -¿Dónde se metió esta chiquilla?- ¡Crista! ¡Ven! ¡Ven aquí muchacha! ¡Qué tengo una cosa pa´ ti!– yo me acercaba correteando. Y, tomaba el precioso tesoro que me daba la anciana; un huevo, sí, un huevo, algo más pequeño, que los normales y de un color rojizo oscuro; un huevo de quícara. La quícara es una gallina enana, de la que se dice que tiene gran vitalidad, siendo sus huevos, según creencia popular, muy recomendables para los niños, dado su alto poder nutritivo.

Adelaida debía de pensar que el huevo era el protagonista de una dieta sana y equilibrada, por lo que cuidaba con esmero a sus gallinas, En su cocina tenía una colección de esas tazas sin asas que se usan para colocar y comer los huevos pasados por agua, o guisados, que es como los llamamos aquí, Por cierto, he olvidado presentarme: Me llamo María del Cristo y soy de las Islas Canarias. Algunas noches antes de la cena solía acercarme a casa de Adelaida, para observar cómo terminaba de ponerle la comida a su marido. Siempre le servía el mismo postre: un huevo guisado dentro de la tazita sin asas, sí, precisamente una de esas tazitas sin asas que sirven para servir huevos pasados por agua. Su marido era un anciano silencioso y de expresión triste, a quien Adelaida no trataba con especial cariño y pasión, pero sí, con total respeto y eficiencia.

Una tarde, como tantas otras, Adelaida se asomó al borde de su azotea para comenzar con su habitual letanía de quedas y suspiros. Su voz había sido concebida, especialmente, para expresar su dolor, el dolor que la acompañaría durante toda su vida. Mi padre estaba haciendo unas casetas de madera para los conejos, mi madre, de pie, junto a él, le observaba sosteniendo una taza de café, que le había preparado, y yo leía El árbol de la ciencia, sentada en un escalón, cerca de la casa. “En esa cajita, quepo yo, no necesito más”.-dijo Adelaida- ¿Por qué no me haces una?

Esa misma noche, mientras dormíamos, sobre las dos de la mañana, alguien golpeó la puerta, insistentemente, -¿quién es? -dijo mi madre – respondió la voz de una vecina diciendo; -Adelaida se murió-¡Ay! ¡Dios mío, la pobre! ya vamos- La velaron en su propia habitación. Yo me quedé sola en casa, pared con pared. Supongo que era demasiado joven para asistir a un duelo. En mi lugar asistió nuestro gato; un gato negro, de pelo brillante, que no dudó es pasarse la noche merodeando, a la vera de la difunta, para vergüenza de mi madre, que no encontraba el momento idóneo para devolverlo a casa de una patada, pero claro, entre los llantos de la gente no hubiera sido lo más apropiado. A Adelaida le gustaban los animales, pero en su lugar, y ese lugar, por supuesto, estaba fuera de su casa. Nadie pudo encontrar jamás en casa de Adelaida algún indicio de suciedad, polvo, insecto o cosa similar. A veces me pregunto cómo dejaba entrar en la casa a su marido. Seguramente sería por el respeto que le profesaba a la Iglesia y al sacramento del matrimonio que los unía.

Diciembre de 1992. Era una noche limpia y oscura. El aire fresco me llamaba. Salí al patio. Oí una voz, pero… si parece la voz de Adelaida, sí, es ella, es su voz, el sonido venía de la azotea. Como tantas veces Adelaida me llamaba desde su azotea. Por unos instantes perdí la noción del tiempo. Era una sensación similar a cuando de mayores creemos despertarnos en casa de nuestros padres. “No, estoy aquí, ahora. No puede ser Adelaida. Ella está muerta”. Pero la voz seguía ahí. Tuve miedo de girarme y buscarla con la mirada. ¿Qué iba a ver? Entonces, la voz me dijo: “no tengas miedo que yo estoy bien”. Me llegó un aroma, uh, olía a limpio, a niño, sí, eso es, a esa colonia que le ponen a los niños y que siempre me ha gustado tanto; al inspirarla se siente la protección y el amor que transmiten las madres a sus hijos. Entonces, la vi. Era ella, sonreía, pero si aparenta quince años menos, su joroba… ¿dónde estaba su joroba? Su rostro, por una vez, no reflejaba el dolor de sus entrañas. En sus brazos tenía un bebé, un varón. Yo sabía que era un varón; lo sentía, tal vez lo llevaba envuelto en una mantita azul. No lo sé... Eso me extrañó porque ella solo tuvo dos hijas -volvió a decirme- estoy bien- yo pregunté- ¿por qué tienes tan buena cara? Tú… estás muerta… -No, yo no, no lo estoy. Las cosas no son lo que parecen. Ven acompáñame. Más tarde, andábamos las dos juntas. Ella me llevaba del brazo y me guiaba. Por el camino, nos fuimos encontrando con mucha gente, algunos conocidos, otros no, pero prácticamente todos tenían algo en común: sus caras. Sus rostros estaban indefinidos, descompuestos, putrefactos. Adelaida me explicó que todas aquellas personas de rostros desfigurados, en realidad estaban muertas en vida. Obviamente, no nos encontramos con nadie de mi familia, ni cercano a mí. Pero, como ya dije, sí con muchos conocidos. Con cada persona que nos tropezábamos yo le decía pero… si parecía… y ella me repetía: “pues ya ves, las cosas no son lo que parecen.” Entre los muertos vivientes que nos encontramos recuerdo que estaba su marido. Reconozco que durante los primeros años posteriores a la muerte de Adelaida le tuve especial manía a este hombre. Yo sabía su secreto: era un muerto en vida, aunque también contribuyó el hecho de que a los pocos meses de la muerte de su mujer, su rostro dejase de ser el de un hombre triste. A su lado, otra mujer; una mujer sana y alegre había ocupado el lugar de Adelaida.

Había sido una noche intensa, pero me desperté feliz, recordaba todos y cada uno de los detalles de mi sueño. Recordar lo que hago mientras siempre me hace sentir plena, con la satisfacción de haber vivido un poco más. Pensaba no hablar de esto con nadie. Pero no sé por qué conté este sueño a mi madre. Ella, al escucharme, comenzó a hacerse cruces y me contó que Adelaida lo había pasado muy mal en su segundo parto, un parto de gemelos; un niño y una niña. El niño había nacido muerto. Y la madre quedó muy mal. No entendí muy bien el motivo, parece ser que su columna quedó dañada, por lo que pasó el resto de su vida padeciendo fuertes dolores de espalda y de corazón.

jueves, agosto 27, 2009

Crítica relato "Dulce sueño" por Luna

Bienvenidos a la primera crítica-reseña que vamos a realizar en el periódico La Redacción. Lo primero, agradecer a Luna habernos enviado sus relatos, he disfrutado mucho leyéndolos eso te lo puedo asegurar ;).


Comencemos, el relato, a mi parecer, es un guiño a la vida y a lo que podemos llegar a perdernos si estamos tan cegados que no nos damos cuenta ni siquiera de lo que tenemos. Creo que está bien estructurado, y aunque no nos presente a los personajes, ni como son, ni como se llaman, realmente no es necesario para poder expresar tanto sentimiento como, creo yo, busca la autora.


Es un relato corto, que nos motiva a seguir leyendo, que nos hace reflexionar sobre nuestras vidas y nuestros sueños, es un relato que nos llega al corazón.


La manera de escribirlo, hace que pueda ser leído sin mayores contemplaciones, haciendo que su lectura sea ágil y rápida.


Creo que la única pega que le pondría es longitud. Podría haber hablado más sobre la chica, sobre otros sueños, sobre sus fracasos...aún así, el dejar todo esto abierto, nos permite meternos mucho más en la historia, implicarnos de manera que nosotros seamos dicha protagonista.


Una historia hermosa donde las haya, creo que digna de ser leída por todos vosotros ^^


Felicidades Luna, sigue así ;)


Dulce sueño

En un principio , la comodidad y los avances tecnológicos nos parecen estupendos, las personas se acostumbran y terminan dependiendo totalmente de ellos, yo era una de aquellas personas, pero por que mi vida dependía de una máquina que respiraba por mi, si no fuera por la tecnología, yo hubiera muerto hace mucho tiempo . Más tarde te das cuenta de que tanta tecnología estropea el corazón de las personas, las cuales olvidan cosas importantes de la vida, como por ejemplo, la naturaleza.

Como mencioné antes, yo era una de aquellas personas, mi vida estaba unida a una máquina que mantenía mi cuerpo con vida pero que no conseguía despertar a mi mente, dormida, prefería vivir en un mundo lleno de fantasía, aunque puedo decir que sabía que aquel mundo que veía ante mis ojos, lleno de extensas praderas verdes con numerosos ciervos y otros grupos de animales era solo un engaño, por que yo amaba a la naturaleza y al caer enferma me la habían arrebatado, por eso preferí dormir engañada que vivir en una cuidad en la que no cuidan a la madre selva.

Llevaba ya dos años en un profundo sueño, en coma, por culpa de un desgraciado accidente montando a caballo, durante una competición, saltando el último obstáculo, algo asustó al caballo y, sin poderme agarrar, caí al suelo golpeándome la cabeza y ya no he vuelto a despertarme desde lo ocurrido. Mi sueño era más hermoso que la realidad, sabía que estaba huyendo, que estaba siendo egoísta al dejar a mis padres solos, pero algo en mi interior no quería despertar y esa sensación crecía cada día más hasta el punto de no poder controlarla, no tenía tanta fuerza de voluntad para despertarme.

Aun dormida podía escuchar a las personas de mi alrededor, siempre tenía visita, mis padres venían a menudo a verme, al igual que mis amigos, y todos me contaban muchas cosas que me estaba perdiendo, y me decían lo mucho que me echaban de menos, sus palabras llegaban a mi corazón como un susurro acompañado de una brisa cálida, me tranquilizaban..Una mañana, me acuerdo que estaba en un valle, dentro de mi sueño, y observé un hermoso unicornio, el corría y yo intentaba cogerle, pero cada vez se alejaba más y más y yo me iba quedando atrasada hasta que tropecé con una piedra, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo, era extraño, por primera vez sentía dolor y tristeza y sin poder controlarlo, empecé a llorar, y en cada gota podía ver reflejada mi vida, los buenos y malos momentos, mi familia, mis amigos, el chico que me gustaba. Millones de escenas pasaban delante de mí hasta finalizar con el momento del accidente, recordé el miedo que sentí cuando me caía, y, también pensé en el último pensamiento que había tenido antes de caer:

“Quiero dormir en un sueño eterno para poder ser feliz”

Ahora me acordaba de todo, me acordaba que en se momento sentía rabia hacia el mundo, y al ver que caía, inconscientemente pedí ese deseo y veo que se me ha cumplido, he estado viviendo un sueño , sabía que no era real pero no quería admitirlo, lo primero que se me ocurrió fue gritar al cielo, quería que alguien me escuchara y viniera a mi auxilio, grite con todas mis fuerzas pidiendo salir, quería salir, deseaba volver a la realidad, pero algo o alguien interrumpió mi llanto:

- ¿Quieres volver?

- Si,¿Cómo puedo regresar a la realidad?

- Sólo podrás regresar al lugar de donde procedes cuando consigas entender a tu corazón, debes escucharlo, comprenderlo, él no quiere volver, lo ha pasado muy mal y no quiere regresar, mientras que él no quiero, no regresarás.

- Pero, reconozco que lo he pasado muy mal, he sufrido mucho, pero también he tenido muy buenos momentos, tengo recuerdos que no cambiaría por nada del mundo, no entiendo por que no puedo regresar, si yo... ¿es por qué no he terminado de conocerme a mi misma?

- En tu interior esta la respuesta, es solo tiempo en que termines encontrándola recuerda, tu alma tiene la eternidad ,pero tu cuerpo no.

Mi cuerpo temblaba, algo se me pasaba por alto,¿ por qué no podía despertar? Tenía que descubrirlo, quería volver a ver a mis padres, aunque estuvieran separados y nos peleásemos a menudo, yo les quería… les quiero. Quería volver a verlos a todos, y verles sonreír, ¿por qué no puedo volver?

Ahora mi mundo se tornaba oscuro, mi sueño ya no existía, en cambio ahora podía ver imágenes de mi pasado que creía olvidadas, y lloraba y lloraba al verlas pasar y al recordarlas, hacía tiempo que no escuchaba a mis amigos ni a mis padres llamándome, me han olvidado…no quiero estar viva…

- Si quieres, no te mientas.

- Si quiero… ¿el que?

- Vivir

- No, no quiero…

- No te mientas a ti misma, quieres vivir para cumplir tu sueño, ¿acaso olvidaste cuál era tu sueño?

- No me acuerdo…

- Cierra los ojos y recuerda…

- Mi sueño… mi sueño… ¿cuál era mi sueño? Recuerdo que cuando era pequeña siempre soñaba con tener una casa grande, con un gran jardín lleno de plantas diferentes, a las que cuidaría, y también quería tener animales, un buen marido del cual estuviese enamorada e hijos... Es verdad, quiero vivir para cumplir mi sueño¡¡¡ - grite- si, quiero vivir.

¿Dónde me encuentro? Oigo ruido, alguien llora y también alguien se ríe, me siento cansada y me duele todo el cuerpo, tengo que volver a abrir los ojos, pero me pesan los parpados, lo he conseguido pero… no se donde me encuentro, ¿y toda esa gente?, pero… ¿ Qué ha pasado ?

- Hija mía… por fin has despertado¡¡

Han pasado un mes desde que desperté y hoy me daban el alta, por fin puedo salir del hospital y empezar a vivir mi vida, todo el mundo esta muy contento de que haya despertado y yo estoy muy feliz por el mero hecho de conseguir abrir los ojos, parecía fácil pero no lo era.

Ahora quiero ser una nueva persona, disfrutar lo que la vida nos ofrece con mis amigos, encontrar el amor, me encantaría formar una familia, ahora sé lo que realmente quiero, deseo la felicidad para todos aquellos que la quieran, por que por el mero hecho de estar viva ya debes de estar feliz. Todo el mundo es especial por ello, cada persona es diferente y eso es lo que hace de este mundo, un lugar ideal para vivir.

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